El retorno de los más maduros


Estamos condicionados para admirar la juventud. Ser joven es una virtud; ser viejo, un defecto. Los medios de difusión y el marketing contribuyen a reforzar esta imagen estereotipada tan arraigada en nuestra sociedad. De allí la magnitud de los desafíos que enfrentan las empresas, dadas las inexorables tendencias demográficas actuales.

Los aportes de los trabajadores activos deberán alcanzar para sostener a un número cada vez más mayor de jubilados. Al mismo tiempo, los avances de la medicina y la concientización sobre el cuidado de la salud producen un aumento de la expectativa de vida, lo que contribuye a agravar el panorama.

Aunque no faltan propuestas de toda índole, como indica un informe de la revista The Economist, elevar la edad de jubilación parece ser la única solución económicamente viable. Como era de esperar, este recurso ya ha comenzado a generar diversos conflictos. Por eso, es ineludible que las empresas adapten la forma de gestionar a los empleados mayores a esta nueva realidad, y encuentren maneras originales de vincularse con ellos y les asignen tareas en las que sigan aportando valor.

En la misma revista se enumera una serie de sesgos que muestran que los empleadores temen que un aumento en la edad promedio del personal produzca impactos negativos en la empresa. En general, las personas mayores son percibidas como "problemáticas".

Diversos son los argumentos que sostienen esta creencia, comenzando por la disminución de la capacidad física, tal vez lo único (en promedio) auténticamente objetivo. Más allá de ejemplos de "viejitos" que siguen bien activos, como Paul McCartney o Mick Jagger, por mencionar dos casos célebres, son muy pocas las posiciones que hoy requieren de un musculoso Apolo para ser realizadas eficientemente.

Otro error usual es suponer que los empleados mayores van perdiendo con el tiempo el espíritu emprendedor. Una investigación de la Fundación Kauffman de Estados Unidos mostró que el grupo etario que más emprendimientos lanzó es el de 55 a 64 años, y el que lo hizo en menor grado el de 20 a 34. También los trabajadores mayores tienen índices de ausentismo más bajos y son más respetuosos de los horarios.

No por eso deja de haber retos. Uno de los mayores es el manejo de los conceptos de autoridad y liderazgo. Tradicionalmente, la posición y la remuneración estaban ligadas a la antigüedad. Para cambiar este paradigma se deberán superar barreras culturales y psicológicas.

El punto es que los empleados mayores tienen mucho valor para aportar a las empresas. Además de la experiencia y conocimientos técnicos acumulados a lo largo de décadas, las habilidades personales, tales como las políticas y las de comunicación, tienden a mejorar con los años.

Pero, tal vez, el conocimiento de la cultura de las organizaciones, esa sabiduría informal que no figura en los manuales corporativos sino que sólo se consigue con el tiempo, sea la mayor fortaleza de aquellos que peinan canas. Son quienes mejor conservan los valores centrales de las compañías y por eso están destinados a ser los mejores mentores.

El autor es profesor del IAE Business School

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